El Enric Marco del ‘procés’

He repetido muchas veces que una de las bazas del soberanismo son los errores de percepción y las equivocaciones del Estado español, que con frecuencia deja que la visceralidad guíe sus acciones. El fenómeno tiene su contraparte independentista, bando que cuenta con una activa pandilla de iluminados, optimistas delirantes y ‘cheguevaras’ de mesa camilla.

El juez Vidal es alguien que, impulsado por el afán de protagonismo y ansioso por vitaminar a la tropa, habría fantaseado con empeño para que su particular relato del ‘procés’ pareciera más heroico, al estilo de lo que en su día hacía en entrevistas y charlas en colegios el impostor Enric Marco. ¿Lo recuerdan? Marco contaba una historia inventada -eso sí: a partir de algunas partículas reales- y se presentaba como superviviente del campo nazi de Flossenbürg (Baviera). Una vez pillados, los ‘ficcionantes’ suelen alegar siempre lo mismo: las invenciones solo pretendían servir más eficazmente a la causa.

Existe también, claro, la posibilidad de que Vidal haya revelado hechos ciertos. Tanto en el primer caso como en el segundo ha perjudicado gravemente a ERC -el partido por el que fue elegido senador-, al gobierno de la Generalitat y a la causa independentista.

UNA FANTASÍA

Veamos. El juez se retractó ayer de sus manifestaciones y el Govern ha negado también que haya nada de cierto. El principio de presunción de inocencia juega, además, aunque algunos quieran ignorarlo, en favor del Ejecutivo de la Generalitat. Sea como fuere, mi opinión es que Vidal, con una ‘técnica’ parecida a la que Marco llevó a su máxima sofisticación, construye un cuento sobre la base de datos sueltos, retazos de conversación y frases de reciclaje. Diría que, si no todo, casi todo lo que ha ido contando Vidal forma parte de ese tipo de fantasía.

Recordemos que el juez fue suspendido por el Consejo General del Poder Judicial –a mi entender una clara injusticia, una represalia por su declarado independentismo- porque durante sus horas libres había ayudado a pergeñar la Constitución de la futura República de Catalunya. Lo desatinado de aquel pasatiempo de Vidal -que a la postre tan caro le costó- debería haber alertado a algunos responsables independentistas del talante del personaje.

A MOJAR PAN

Dicho esto, y pese a lustros de seguir muy de cerca la, digamos, particular actualidad política catalana y española, no deja de sorprenderme el pandemónium que se ha querido organizar por las palabras del senador. El Gobierno español y todo elemento contrario al soberanismo ha acudido raudo a mojar pan a dos manos.

Igual ha hecho, cómo no, la Fiscalía General del Estado al ordenar enseguida una investigación. Como es sabido, la paquidérmica justicia española se transmuta en rauda y feroz pantera cuando de lo que se trata es de asediar al independentismo. Cuando, por el contrario, hay que lidiar con la guerra sucia del Estado o la actuación del Fernández Díaz de turno, el elefante no duda en acomodarse en el maloliente fango y echarse una perfecta siesta.

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