Economía, economía, identidad y soberanía


Casi 10 años y tres elecciones al Parlamento catalán después de haber sido señalado como su delfín por Jordi Pujol, Artur Mas leyó ayer su discurso de investidura como candidato a presidente de la Generalitat. El discurso fue claro, ordenado, sin barroquismos ni frases alambicadas. Sobrio y pragmático. Pegado a la dura realidad. Dialogante y de mano tendida. Prudente, pero esperanzado. El discurso de Mas se pareció mucho al propio Mas.


El líder de CiU dijo cómo quiere que sea su Gobierno. De los seis elementos definitorios que utilizó, el primero, el tercero, el cuarto y, en parte, el sexto están vinculados a las siguientes ideas: gobernar para todos, dialogar, estar abierto a las aportaciones que lleguen de fuera y demostrar sentido institucional («el nuevo Gobierno se sentirá orgulloso de todo aquello que se haya hecho bien por parte de anteriores gobiernos y lo defenderá como propio»).


Se cuidó muy mucho el futuro presidente de que no ofender ni violentar a sus señorías. Al PSC, como al presidente José Montilla, lo trató con guante de seda. Las frases más ásperas fueron, era inevitable, para Iniciativa y la Conselleria d’Interior. «Nos proponemos recuperar el prestigio y la autoestima» de los Mossos, proclamó antes de confirmar que suprimirá el límite de los 80 kilómetros por hora en las entradas de Barcelona. Este, el correspondiente a Seguridad, es el quinto de los ejes que guiarán la acción del futuro Govern. Los otros: Economía, Empresa y Ocupación (1); Educación (2); Sanidad (3); Políticas Sociales y de Familia (4); Política Territorial y Sostenibilidad (6); Administraciones (7) y Nación (8).


Al candidato le singulariza su impronta liberal. Su receta anticrisis pasa por echar una mano a las empresas, bajar lo que se pueda los impuestos y reducir y agilizar la Administración. Todo ello para mantener en pie el Estado del bienestar y con la meta, a medio y largo plazo, de mejorar la competitividad. Pese al énfasis que puso en la economía, fue claro -mucho más, en todo caso, de lo que Pujol lo fue jamás- al hablar de identidad y soberanía. La etapa que se abre tras la sentencia del Tribunal Constitucional es la de la «transición nacional», que empieza, concretó, por un nuevo modelo de financiación -pacto fiscal con España-. El líder de CiU, para el que Catalunya es «una idea en movimiento», cree que «vivimos tiempos decisivos» que trascenderán los próximos cuatro años.


¿Y con qué ánimo afronta el candidato tales retos? Lo dejó entrever Mas aquí y allá a lo largo de los 38 folios de su discurso. Me quedo con lo que sigue: con humildad, sin rencor ni espíritu de venganza, y «ligero de equipaje». Me atrevo a traducir esto último: casi 10 años y tres elecciones al Parlament después de haber sido señalado por Pujol, el candidato se ha ganado a pulso y de sobras estar donde está. Por lo tanto, y pese a estar muy agradecido a muchos, Mas nada tiene que ver ya con los, por otra parte, entrañables delfines.

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