A Feijóo se le atraganta la guerra

El ataque de EEUU e Israel a Irán se le ha atragantado al pobre Alberto Núñez Feijóo. No lo vio venir. No contaba en absoluto con ello, menos aún con que Pedro Sánchez fuera capaz de convertir el conflicto de Oriente Medio en una trampa letal para el PP. Y mira que a estas alturas Feijóo debería haber aprendido ya que Sánchez es un muerto muy vivo, un cadáver de casi imposible sepultura. Un zombi de tan veloces e imprevisibles movimientos como los que abandonaban de sus tumbas para bailar al ritmo de ‘Thriller’ con Michael Jackson. Desconozco, como todo el mundo, cuánto durará la guerra. De lo que estoy convencido es de que, se prolongue poco o mucho, al PP se le va a hacer larguísima.

Los bombardeos regalaron a Sánchez la preciosa oportunidad de alterar los términos, nada favorables, en que se estaba produciendo la confrontación política. Recordémoslo: tras el estallido del ‘caso Koldo’ y el resto de escándalos de corrupción, el PP dispuso una secuencia de elecciones autonómicas para desgastar a Sánchez atizándole una derrota tras otra. Así sucedió en Extremadura y luego en Aragón. Derrotas contundentes del PSOE, aunque al oneroso precio para el PP de tener ahora que asociarse con un Vox agigantado y fardón.

La operación ‘Furia épica’ contra Irán fue procesada rápidamente por Sánchez y su equipo. Y decidieron dos cosas. La primera, que se opondrían a la guerra. La segunda, que, como los judocas, utilizarían el empuje bélico contra Feijóo y el PP. Ambas fueron cuidadosamente destiladas y dieron lugar a la comparecencia de Sánchez del pasado miércoles 4 de marzo. En ella, y también después, amén de la obligada condena del régimen iraní, el socialista subrayó la coherencia de su postura -ha rechazado la matanza en Gaza, las ambiciones sobre Groenlandia y la intervención en Venezuela- y enfatizó su europeísmo y el orgullo de “ser español” (inmensa bandera el pasado sábado día 7 en su mitin en Soria). Pero, sobre todo, situó al PP del lado de la guerra al recordar, una y otra vez, el respaldo de Aznar a los Estados Unidos en 2003. En más de media docena de ocasiones aludió en su comparecencia del miércoles 4 a la guerra de Irak y sus terribles consecuencias. Y conectó su oposición de hoy con las multitudinarias manifestaciones de entonces, maniobra que coronó recuperando el “No a la guerra”.

Sánchez ha conseguido poner a los populares en una situación realmente complicada. De un empujón ha enviado a Feijóo a una esquina del cuadrilátero, de la que no le va a resultar fácil salir. Este se ha visto incapaz de romper el marco mental activado por el socialista. Se ha limitado a tirar del argumento de los derechos humanos y de la defensa de las mujeres iraníes, por una parte, y a alertar de forma servil sobre lo peligroso que resulta llevar la contraria a Trump. De los dos argumentos, el menos débil es el primero. Ciertamente, a nadie le complace el brutal régimen de los ayatolás. A todo el mundo le gustaría que desapareciera. Pero hay que recordar que, de entre los cerca de doscientos estados del planeta, las democracias son una minoría. Y que, si hablamos de dictaduras ominosas, podríamos empezar por los aliados de Estados Unidos en esta guerra, las petromonarquías del Golfo Pérsico.

Como Sánchez sabe muy bien, y esta carta le concede una gran ventaja, ninguna de las consecuencias que van a derivarse del conflicto va a ser positiva para el español de a pie. Al contrario, van a ser todas negativas, empezando por el aumento del precio del combustible, que ya se nota, y el consiguiente encarecimiento del coste de la vida. Cuanto más se alargue la guerra, peor va a ser. Más aún porque ya nadie cree que los ataques puedan abrir las puertas a la democracia liberal en Teherán.

Hay un segundo factor que juega asimismo en contra del líder del PP: la memoria -que Sánchez no va a dejar de activar con sagacidad y ahínco- de lo ocurrido en 2003, con su desastroso balance. Una memoria que, tantos años después, sigue muy viva. Y que incorpora el tradicional antiamericanismo, exacerbado hoy por las locuras de Trump. Los ciudadanos, los pueblos, se manifiestan a favor de la paz, pero nadie lo hace a favor de una guerra. Lo debería saber Feijóo o se lo podrían contar Aznar y el resto de los antiguos mandatarios del PP, que hace veintitrés años tuvieron que aguantar que se les gritara “¡asesinos!, ¡asesinos!” en las calles de toda España.

Periodista. Profesor de Blanquerna-Comunicació (URL)

 

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