Lo de vencer sin convencer es algo que no inquietaba a algunos mandamases españoles de antes ni, ha quedado bien acreditado, tampoco de ahora. Lo que sigue molando es tumbar al otro, infligirle una derrota cuanto más áspera más gloriosa, aunque haya que retorcer las leyes que uno blande como un crucifijo y jura farisaicamente proteger. Todo vale. Lo que está mal visto, mucho, es rebajarse a hablar, no digamos ya a negociar. Hablar y negociar son verbos nada recios, que solo conjugan los débiles de carácter. Más aún si a quien se tiene enfrente se le considera un siervo … Continuar leyendo
