Muy pronto dejaremos atrás el periodo político en que, tras la infértil declaración de independencia de 2017, Catalunya ha vivido encapsulada, como atrapada en un paréntesis espacio-temporal. Unos años, desde aquel otoño hasta hoy mismo, pastosos, grises y entumecidos. Unos años marcados por el peso de lo sucedido y sus consecuencias de toda índole. Los indultos y, mucho más tarde, por fin, la aplicación efectiva de la amnistía son el alféizar desde el que Catalunya se asoma al futuro. También las elecciones del 29 de noviembre, que -si un milagro no lo impide- van a provocar un cambio radical de paisaje. El nuevo paisaje estará dominado, según todo apunta, por una coalición de gobierno entre el PP y la extrema derecha populista de Vox.
En los años transcurridos, Catalunya ha tenido tres presidentes distintos: Quim Torra, Pere Aragonès y Salvador Illa. En la Moncloa, a Mariano Rajoy -quien trasladó el pulso independentista al terreno policial y judicial- le sucedió Pedro Sánchez, gracias a la moción de censura de 2018. Hoy, Alberto Núñez Feijóo -tras el traumático fracaso de 2023- acaricia el poder con la yema de los dedos. Los presos independentistas están en la calle y la amnistía, que algunos jueces tanto se han empeñado en torpedear, está siendo aplicada, aunque haya todavía muchas personas anónimas pendientes de que se cierren sus causas. Oriol Junqueras y Jordi Turull ya pueden ser candidatos en unas elecciones. Los exconsellers Lluís Puig y Toni Comín han regresado. Carles Puigdemont, con buen criterio, aguardará hasta después de las elecciones convocadas por Sánchez.
La Catalunya con la que se va a encontrar el expresidente catalán tiene poco que ver con la de 2017. Él lo sabe y ha manifestado que su deseo es redescubrir y reconectar con el país. El de Amer ha deslizado que no va a asumir el papel de jefe de la oposición, es decir, que no va a convertirse en diputado autonómico. Se desconoce si seguirá siendo durante mucho tiempo líder de Junts per Catalunya y posible candidato a la presidencia de la Generalitat. Veremos.
Si finalmente los hechos se suceden como está previsto, el nuevo gobierno de derechas tendrá delante una Catalunya en que PP y Vox son minoritarios, a diferencia de lo que sucederá en la gran mayoría de comunidades. Feijóo deberá entonces tomar una importante decisión. O lanzarse a una ofensiva por tierra, mar y aire contra Catalunya o bien intentar explorar la senda de la colaboración. Las circunstancias y el pasado reciente abonan la primera hipótesis. Recordemos que Feijóo se estrenó como líder del PP asegurando que no llegaba a Madrid para insultar a Sánchez. Luego, sin embargo, su oposición ha sido más que dura: brutal, injuriante, despiadada. Además, no va a conquistar el gobierno solo, sino con la extrema derecha de Vox -que quisiera acabar con las autonomías, singularmente con la catalana- y con el sector más radical, también envalentonado, de su propio partido. Todo ello anuncia un duro choque con la Generalitat y el independentismo.
El famoso ‘muro’ de Pedro Sánchez contra la derecha se trasladará a las fronteras catalanas. Al otro lado de esa muralla, el socialista Salvador Illa y los independentistas de ERC y Junts se convertirán en protagonistas. El primero podrá erigirse como el gran defensor de los derechos y la cultura e identidad de los catalanes y dejar de ser un mero delegado del PSOE. Un gobierno del PP y Vox le brindará a Salvador Illa la oportunidad de presentarse como un patriota catalán y un president dispuesto a plantar cara a Madrid. Es probable que el cambio le siente bien y que recupere posiciones en las encuestas, que hoy reflejan un escaso entusiasmo por su gestión. Electoral y políticamente, las cosas les pueden ir bien también a ERC y Junts. Ambos partidos, sobre todo Junts, tienen pendiente, sin embargo -si quieren de verdad volver a liderar Catalunya-, convencer a los catalanes de que cuentan con un proyecto sólido para Catalunya, que no puede ser el de 2017, sino que debe ser el resultado del realismo y las lecciones aprendidas. Sólido, sincero, creíble y revestido de firmeza y determinación. Con visión a corto plazo, pero también a medio y largo plazo. Solo así conseguirán recuperar el favor de los catalanes, plantar cara a Feijóo y Abascal e impedir que Aliança Catalana les arrincone, en cuanto se celebren elecciones municipales y al Parlament.
