Oceanografía del malestar
Compareció Artur Mas el martes para explicar las circunstancias que le obligan a poner en marcha nuevos recortes. Mientras el president se dirigía a los catalanes, afuera la tormenta por la probable salida de Grecia del euro golpeaba el futuro español y catalán. Mas reprochó otra vez al Gobierno de Mariano Rajoy no pagar lo que debe y le acusó de trasladar su déficit a las autonomías. También se quejó de la austeridad radical de Angela Merkel.
El president, lo sabe él y lo sabemos todos, no tiene margen de maniobra. Ni siquiera puede hacer lo que hace Rajoy, que es apretar las clavijas a las autonomías. Mas ni siquiera dispone de alguien más débil de quien abusar y, encima, la sanidad, la enseñanza y las políticas sociales dependen de su Gobierno, un Gobierno financieramente con respiración asistida y con la llave del oxígeno manejada por Madrid.
Mas desconoce cómo va ser el mañana, incluso el mañana inmediato. No dependen de él. Pero, en cambio, está absolutamente decidido a no fallar en lo que sí depende de él, o sea, hacer lo que hay que hacer (que hoy en día no significa otra cosa que ir escogiendo el mal menor) y dar la cara ante los ciudadanos. Eso lo tiene claro. No va a esconderse. No va a hacer como Zapatero o como Rajoy. Pase lo que pase y, atención, digan lo que digan los manuales de márketing.
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